Cuando la tecnología se convierte en paradoja

Cuando la tecnología se convierte en paradoja

Un espacio para las memorias, las emociones y la introspección

A estas alturas de nuestras vidas, es casi ridículo imaginar un solo día sin asistencia tecnológica. Desde los refrigeradores que nos avisan si se acaba la leche, hasta los relojes que cuentan cada paso y vibran para recordarnos que respiremos. Vivimos —consciente o inconscientemente— bajo la tutela de máquinas inteligentes. Y sin embargo, cuando fallan, lo hacen con una crueldad casi sarcástica.

Mi auto —al que en casa llamamos “Kevin”, porque sí, todo aquello que convive con uno merece identidad— lleva semanas con una señal que parece mínima, pero no lo es: el infame check engine. Es apenas una lucecita, casi amable, como una advertencia tímida. Pero detrás de esa modesta alerta hay un escándalo oculto: pérdida total de potencia del motor.

La computadora interna, en su infinita sabiduría automatizada, decide que es momento de entrar en “modo seguro”. Como si de un terapeuta protector se tratara, bloquea el desempeño del motor para evitar que se “estrese”. Pero sucede lo más irónico: lo hace en plena vía rápida. A mí me ha dejado, sin más, dos veces varado. Una en la Costa Verde, otra cerca a la Av. Javier Prado en La Molina, ambas con tráfico brutal. Supuestamente un protocolo de seguridad, pero ¿qué tiene de seguro dejarte sin potencia en una curva rápida o en hora punta?

Y por si fuera poco, ahora también me abandona la laptop. Pantalla azul, reinicio forzoso, modo seguro, luego un silencio digital absoluto. Y yo, frente a una máquina que me ha acompañado por años, con archivos de trabajo, textos personales, algunos recuerdos, y un sistema operativo que simplemente no “desea arrancar”.



Uno comienza a preguntarse: ¿cuándo fue que le dimos tanto poder a las máquinas para que decidieran por nosotros cuándo detenerse, cuándo “protegernos”, cuándo dejar de funcionar?

⚖️ Una mirada legal

Desde la perspectiva jurídica, vale recordar que el artículo 18° del Código de Protección y Defensa del Consumidor (Ley N.° 29571) establece que los bienes y servicios deben cumplir con las condiciones de idoneidad y seguridad. Si un vehículo o equipo informático presenta fallas que comprometen su funcionamiento esencial y seguridad, el proveedor tiene responsabilidad por ello. 

En esta ocasión no tendré mucho problema pero durante dias previos parece que el servidor de Yape también entró en modo seguro, anoche una transacción se quedo en espera por más tiempo del que aseguró el banco y podría seguir recordando ocasiones en las que un “modo seguro” me hizo sentir inseguro.

🎯 Reflexión final

Hoy, más que nunca, necesitamos equilibrio. Que la tecnología nos ayude, sí, pero sin perder la capacidad humana de prever, de desconfiar cuando todo parece depender de un solo sensor. Que podamos seguir llamando “Kevin” a nuestros autos, y recordar que hasta los mejores amigos, a veces, también colapsan.

Y mientras Kevin visitara el taller y mi laptop se pregunta si quiere seguir viviendo, aquí estoy yo, escribiendo desde el iPhone. Pero aún con cierta gratitud, porque hasta en el fallo de las máquinas, uno descubre cuánto dependemos, cuánto debemos ceder… y cuánto debemos reaprender a resistir.

Carlos Ebert Gestro

Gracias por leerme. La escritura también es una forma de compañía.

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