Chalecos con placa: ¿una solución que se queda en la espalda?


Chalecos con placa: ¿una solución que se queda en la espalda?

Hace unos días, mientras conducía de camino a la oficina y me cruzaba con motos por todas partes, me detuve a pensar en esta nueva norma que exige a los motociclistas usar un chaleco con el número de la placa escrito en la espalda. En teoría, suena como una buena idea: hacer más fácil identificar a los conductores y prevenir delitos, sobre todo esos que se cometen desde una moto. Pero en la práctica… bueno, las cosas no son tan simples.

Desde que entró en vigencia el Decreto Supremo N.° 003-2024-IN y la Resolución Directoral Nº 008-2025-MTC/18 me he tomado el tiempo de mirar con más atención a los motociclistas que veo en las calles, y lo que noto es más bien una gran variedad de "creatividades". Algunos se ponen chalecos que claramente no son suyos, otros llevan mochilas gigantes que tapan todo el número, y los que hacen delivery, con esas cajas enormes en la espalda, simplemente ocultan por completo lo que se supone debería ser visible. También están los improvisados, que pegan un papel con cinta en la espalda, como para cumplir con lo mínimo y evitar una multa.

Y claro, están los que ni siquiera hacen el intento: simplemente no usan el chaleco. Y, honestamente, si alguien tiene la intención de robar o delinquir, ¿realmente va a preocuparse por cumplir con esta norma?

Yo entiendo el espíritu de la medida. Vivimos tiempos difíciles. La inseguridad está en todas partes, y las motos muchas veces están asociadas a robos rápidos, de esos que pasan en segundos. Pero también hay una gran cantidad de peruanos que trabajan dignamente en sus motos, buscándose el pan del día a día. ¿Es justo que sean ellos quienes carguen con el peso de una solución que no va al fondo del problema?

Porque al final, esto parece más un parche que una cura. La inseguridad no se va a solucionar pintando placas en un chaleco. Hace falta más fiscalización, más presencia real del Estado, y sobre todo una mirada más integral que no criminalice al que trabaja, sino que de verdad persiga al que delinque.

Y mientras tanto, ahí estamos todos, caminando entre motos, chalecos con placas visibles, placas tapadas, chalecos prestados, y robos que siguen ocurriendo. A veces pareciera que nos esforzamos más por parecer que hacemos algo, que por hacerlo de verdad.

Una mirada desde el lado humano

Pienso también en los chicos jóvenes que trabajan todo el día sobre una moto, bajo el sol, la lluvia o la niebla limeña. En quienes tienen que comprarse un chaleco nuevo, personalizarlo, cuidarlo… solo para que un mochilón lo termine tapando sin querer. ¿Tiene sentido todo esto si el sistema no acompaña?

Las normas deben tener sentido práctico, deben servir para algo más que llenar titulares. Y sobre todo, deben ir acompañadas de educación, fiscalización y coherencia.


Porque si vamos a pedirle algo a la ciudadanía, también debemos dar desde el Estado el ejemplo de hacer las cosas bien.


Gracias por leerme. La escritura también es una forma de compañía.

Carlos Ebert Gestro

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