Cuando la solidaridad se pone a prueba… incluso en el baño

Una escena breve, absurda, pero real. Porque la vida no siempre te da tiempo para pensar.

Hoy me sucedió algo tan curioso como insólito. Uno de esos momentos que, en lugar de contarlos de inmediato, uno prefiere procesar, asimilar y luego compartir con algo de mesura.

Estaba yo en el baño. Sí, en pleno ejercicio de mis derechos fisiológicos, sentado en el inodoro de uno de esos cubículos públicos de oficina —con todo el aire solemne que uno puede asumir en tan comprometida postura— cuando escuché una voz: “Hey, amigo… Hey, compañero…”

Pensé que era una broma, quizás un altavoz, o vaya uno a saber qué clase de reflejo mental en medio del momento. Pero no, era una voz real, próxima, casi cálida. Giré levemente, tratando de identificar al autor. No había nadie visible. Solo la puerta cerrada del cubículo. Pero entonces las vi: unas pequeñas manitos se asomaban por debajo de la pared divisoria.

La voz volvió: “Hey, amigo… me quedé sin papel. Por favor, ayúdame.”

No es que no quisiera ayudar. No soy un monstruo. Pero es que la escena era tan surrealista, tan repentina y fuera de contexto, que quedé paralizado.

Pensé por un momento: ¿Y si es una cámara oculta? ¿Y si todo esto es un experimento social? ¿Y si al entregar un pedazo de papel alguien me señala desde un rincón diciendo “¡Miren al héroe de los baños!”?

Y luego me vino otra idea, menos absurda y mucho más inquietante. Recordé esos videos virales de TikTok donde, al pasar el papel con buena intención, el bromista del otro lado mancha tu mano con una sustancia marrón y pegajosa que simula lo más desagradable que puedas imaginar. Fue justo esa idea la que terminó de desanimarme. No estaba dispuesto a caer en tamaña broma. Mi instinto de defensa fue más fuerte que mi impulso solidario.

Finalmente, decidí no hacer nada. Ni decir palabra. Me quedé callado, inmóvil. Esperé que se retirara. Lo sé… no fue mi momento más empático. Pero honestamente, ¿quién está preparado para esas situaciones?

Lo curioso es que este tipo de episodios, tan triviales como peculiares, nos recuerdan que incluso en el contexto más íntimo o inesperado, las normas de convivencia, la empatía y el criterio pueden ponerse a prueba.

Y aunque no existe en el Código Penal una “omisión de auxilio sanitario en recinto cerrado”, lo cierto es que nuestra legislación —a través del principio de solidaridad que subyace en varias normas constitucionales— sí promueve la colaboración y ayuda mutua en sociedad. Claro que, a veces, la situación escapa a lo regulable… y a lo razonable.

En fin, si alguna vez soy yo quien se queda sin papel… espero que el karma no me lo cobre tan caro.


Gracias por leerme. La escritura también es una forma de compañía.

Carlos Ebert Gestro

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