Del Cubil a la Distancia: Los Años que Dejamos Atrás

 

Del Cubil a la Distancia: Los Años que Dejamos Atrás

Publicado por Carlos Ebert Gestro

Hace poco reencontré a un amigo del que hacía mucho no sabía nada... muchos años hace que no nos vemos y la verdad es que esas amistades viejas se extrañan. Recordé entonces un texto que escribí en 2008, cuando todavía creía que el tiempo era una línea con retorno y que los reencuentros estaban a la vuelta de la esquina. Hoy, a más de tres lustros de aquel escrito, confirmo que el tiempo no se detiene y que nuestras memorias se convierten, inevitablemente, en refugios.

Recuerdo que estudiábamos juntos en la primaria, y algunos años después compartimos juergas y anécdotas extrañas con algunos otros seres. Rememorar aquellas noches de alcohol y música es increíble, aquella época en donde, como todo adolescente, creíamos que el mundo estaba en contra nuestra y reclamábamos un espacio en esa sociedad de mierda, esa antigua Lima de los 90's donde entre tragos, cigarros y charlas oíamos a Kurt Cobain en melodías tan grunge como su aspecto.

The Smiths, Depeche Mode, Human League, Soft Cell, New Order, Virus; el dark y la música gótica de Joy Division, The Cure, Echo and the Bunnymen, Bauhaus; el siempre estimulante industrial de D.A.F., Front 242, Nitzer Ebb y el increíblemente clásico New Order estaban tan junto a nosotros como nos lo permitiera la camioneta de Sting o el VW azul donde Dennys casi se mata luego de dar mil vueltas al óvalo de la Universidad de Lima.

Zico y sus innumerables intentos por conquistar a Pilar, que dicho sea de paso tenía un derrier espectacular, digno de los más ingeniosos y pervertidos comentarios. El gringo Sting y su casa de los tres mil artefactos, dispositivos e inventos que tranquilamente pudieron ser vendidos a la NASA. Front y su afición por el mandil blanco de doctor, aunque aún al recordarlo no puedo dejar de reír.

Tota, Paco, Chino Fido, Nandito... todos ellos fueron parte del tejido imperfecto pero entrañable de esos días. La amistad, en su forma más cruda, existía entre nosotros. Éramos salvajes, torpes y a veces patéticos, pero auténticos.

Hoy, el mundo ha cambiado. Nosotros también. El paso del tiempo ha dejado sus marcas: canas en el cabello, cicatrices en la piel, prudencia en las decisiones. Ya no somos esos adolescentes que caminaban por Lima de madrugada desafiando todo, incluidos ellos mismos. Ahora somos profesionales, padres, ciudadanos que entienden que el mundo no era un enemigo, sino un terreno por conquistar.

Desde una óptica casi jurídica, podría decir que los vínculos afectivos, como los contratos de sociedad, evolucionan, se transforman o se extinguen por mutuo disenso o por el simple paso del tiempo. Pero hay cláusulas emocionales que jamás prescriben, afectos que sobreviven aunque hayan perdido contacto con la frecuencia.

A veces deseo que nuestros hijos también se encuentren en algún cubil, que haya un nuevo Sting, un Zico, un Tota, un Paco. Que rían sin saber cuánto costará después esa risa en nostalgia. Y que, como nosotros, puedan mirar atrás y entender que la vida fue mejor porque alguien los acompañó a vivirla.

Entre leyes y sentimientos

Publicar un comentario

0 Comentarios

zheard