Carta de un padre: del corazón al derecho de amar

Carta de un padre: del corazón al derecho de amar

Hoy es Día del Padre… Y aunque llevo trece años siéndolo, no puedo evitar volver en el tiempo a aquel diciembre de 2011, cuando solo tenía en las manos una ecografía, en el pecho un nudo y en el alma la convicción ingenua de que ya estaba listo para recibirte.

Por entonces escribía como si supiera de qué se trataba esto. Imaginaba el amor como una emoción, el cuidado como una rutina, y la paternidad como un destino noble, pero ordenado. No sabía —no podía saber— que ser tu papá sería una montaña rusa sin cinturón, con el alma en vilo, el pecho a punto de estallar y los días marcados por tus pasos, tus gestos, tus palabras y hasta tus silencios.

Aquel diciembre escribí:

"Se me puso la piel de gallina al oírte, tienes un corazón tan fuerte que casi podría decir que serás más grande, fuerte y sano que tu mamá y yo juntos."

Y lo fuiste. Y lo eres. Pero no solo en el cuerpo, sino en espíritu. Viniste al mundo con luz en los ojos y preguntas en la boca, y desde entonces no has parado de crecer, de enseñarme, de desafiarme a ser más que un proveedor o un protector: a ser presencia, mirada, pausa, refugio.


Desde el corazón… al derecho

Ser padre, lo entendí con los años, no es solo un rol afectivo, sino también una función jurídica: implica deberes, compromisos y responsabilidades consagradas en el Código Civil peruano (Art. 418 y siguientes). Alimentarte, cuidarte, educarte, acompañarte emocionalmente… no son favores, son derechos tuyos que me toca garantizarte por ley, pero sobre todo por amor. Porque el amor verdadero también se traduce en constancia, en sacrificio, en presencia legal y afectiva.

No es casual que el ordenamiento jurídico reconozca el vínculo padre-hija como uno de los más trascendentales. La patria potestad no es una figura ornamental, es el deber de guiar tu vida con respeto a tu autonomía y en beneficio de tu desarrollo integral.

Y aunque a veces las leyes se quedan cortas frente a los misterios del amor, me enorgullece saber que mi rol como padre no es solo emocional, sino también jurídico, porque protegerte es mi deber en todos los planos: emocional, físico, legal, existencial.


La nostalgia del futuro

Hoy que ya no vives conmigo todo el tiempo, que nuestros días se reparten entre fines de semana con mamá, tardes con tus amigas y miradas que intentan decir lo que a veces callamos, mi mayor añoranza no es por lo que fue, sino por todo lo que aún no hemos vivido:

  • Tus decisiones firmes.
  • Tus primeras luchas por lo justo.
  • Tus dudas, tus elecciones, tus despedidas.
  • Tu primer amor (y tal vez el primer dolor).
  • Ese día en que yo ya no tenga que explicarte la vida porque ya la estés viviendo con todo su peso y su belleza.

Y aunque me toque soltarte poco a poco, aunque ya no pueda cargar tu cuerpo como antes, mi alma siempre sabrá cómo sostenerte.

A ti, Luciana…

Tú no sabes —y probablemente no lo sabrás hasta que la vida te permita experimentar este vértigo llamado paternidad o maternidad— lo que significa haber sido elegido para ser tu papá.

No solo te vi en una pantalla, con ese corazoncito latiendo intermitente, sino que te soñé antes de tenerte, y desde entonces me transformé para merecerte.

Este Día del Padre, más que celebrar, agradezco. A la vida, a tu mamá, al azar, a Dios… por haberme dado la oportunidad de construir contigo un amor tan profundo que no cabe en el lenguaje ni en el derecho, pero que se manifiesta cada día en lo que soy cuando te pienso, cuando te escucho, cuando te abrazo.

Y si algún día lees estas líneas —quizás en otro Día del Padre, cuando seas adulta—, solo quiero que sepas esto:

Tú me diste un nombre que nadie más me podrá dar: Papá.
Y eso me hizo eterno.


Gracias por leerme. La escritura también es una forma de compañía.

Carlos Ebert Gestro

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