Espiritualidad, fanatismo y el peligro de la fe mal entendida
Cuando la devociĂ³n pierde su esencia y se convierte en riesgo.
Vivimos en un mundo en el que el siglo XXI convive, irĂ³nicamente, con prĂ¡cticas y convicciones que parecen mĂ¡s propias de Ă©pocas oscuras. En plena era de la inteligencia artificial, los viajes espaciales y el conocimiento al alcance de un clic, el ser humano sigue cayendo —con peligrosa frecuencia— en la trampa del fanatismo religioso. La fe, que deberĂa ser un refugio del alma, un vĂnculo con lo divino desde la paz y la compasiĂ³n, se distorsiona muchas veces hasta convertirse en un arma, una excusa o un espectĂ¡culo.
A nivel global, el reciente intercambio de agresiones entre Israel e IrĂ¡n es una muestra alarmante de cĂ³mo los discursos religiosos siguen siendo utilizados como combustible de conflictos geopolĂticos. Se invocan a deidades para justificar represalias, se habla de pueblos elegidos enfrentados a pueblos infieles. La Biblia, el CorĂ¡n, la TorĂ¡… libros sagrados que nacieron con intenciĂ³n de iluminar, pero que en manos equivocadas se transforman en banderas de odio.
El resultado: dolor, muerte y generaciones enteras marcadas por guerras en nombre de Dios.
Pero el fanatismo no necesita misiles para hacer daño.
Hace unos dĂas, aquĂ mismo en PerĂº, fuimos testigos de algo que, aunque parezca menor, refleja el mismo germen del extremismo: un sismo de regular magnitud sacudiĂ³ Lima en pleno DĂa del Padre. Mientras muchas familias se preocupaban por evacuar con calma, en un templo evangĂ©lico de la capital —durante una oraciĂ³n fervorosa— una pastora arengaba a los fieles a “no levantarse de sus asientos”, a quedarse quietos porque, segĂºn sus palabras, “si es Dios quien estĂ¡ hablando, que hable mĂ¡s fuerte”.
Las imĂ¡genes se hicieron virales. No por su fe, sino por su imprudencia.
¿Y si el sismo hubiera sido mĂ¡s fuerte? ¿Si el techo hubiera colapsado? ¿Si hubiese caĂdo alguna estructura sobre decenas de fieles inmĂ³viles, obedientes no a un protocolo de defensa civil sino a una consigna religiosa? ¿De quiĂ©n serĂa la responsabilidad?
El CĂ³digo Penal Peruano, en su artĂculo 126, establece que quien ponga en peligro la vida o la salud de otro mediante Ă³rdenes o influencias que contravengan normas de seguridad pĂºblica puede ser sancionado.
Aunque muchos no lo sepan, incitar a la permanencia en un recinto durante un sismo es una falta grave, que podrĂa, en caso de consecuencias, tener implicancias penales directas para quien da la orden.
La delgada lĂnea entre espiritualidad y fanatismo radica en la ausencia de criterio y cuestionamiento. Una fe saludable no anula la razĂ³n. Una religiĂ³n sana no le teme a la ciencia. Creer no deberĂa significar obedecer ciegamente.
A veces pensamos que estas situaciones solo ocurren en los paĂses en conflicto, en esas tierras lejanas marcadas por siglos de disputas religiosas. Pero la verdad es que el fanatismo tambiĂ©n habita en nosotros. AquĂ, en nuestras calles, bajo nuestras cĂºpulas y pĂºlpitos.
Y como buenos peruanos, no faltĂ³ el toque de humor: la escena de la pastora ya tiene su propio remix musical, bailado en TikTok y compartido en miles de perfiles. Esa es otra cara nuestra: la capacidad de burlarnos incluso de lo absurdo, de lo riesgoso, de lo impensable. QuizĂ¡ porque asĂ enfrentamos la realidad… o quizĂ¡s porque no la queremos enfrentar en serio.
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Mientras tanto, la verdadera espiritualidad sigue esperando. Silenciosa, paciente… y muchas veces olvidada.
Gracias por leerme. La escritura tambiĂ©n es una forma de compañĂa.
Carlos Ebert Gestro


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