La dignidad del trabajo: un camino lleno de historias


La dignidad del trabajo: un camino lleno de historias

Hay una enseñanza que siempre escuchĂ© desde niño y que el tiempo se encargĂ³ de tatuar en mi memoria: el trabajo dignifica. No por su sofisticaciĂ³n, ni por el salario que se reciba, sino porque es, muchas veces, la Ăºnica herramienta que tenemos para construir nuestro propio destino y sostener, con orgullo, el de nuestras familias.

He tenido infinidad de trabajos y he realizado mil oficios. Fui pintor, vigilante —sĂ­, con uniforme y armamento incluido—, contĂ© dinero en una empresa de transporte de valores, fui obrero en una fĂ¡brica de plĂ¡sticos y hasta lavĂ© buses en un terminal. Hubo etapas en las que trabajĂ© en tiendas de ropa, carguĂ© mercaderĂ­a en almacenes y tambiĂ©n custodiĂ© residencias, he sido operador de call center, cocinero en una pizzerĂ­a y tambiĂ©n en un hotel de 5 estrellas, he tenido que repartir mercaderĂ­as y fui hasta emprendedor. La independencia tiene un precio alto, pero vale cada madrugada de esfuerzo cuando se camina con la frente en alto.

Nunca recibí nada gratis. Pero eso no significa que haya estado solo. La vida me bendijo con manos generosas, benefactores en momentos clave, personas que creyeron en mí cuando apenas comenzaba a construir mi camino. Esas figuras también forman parte del relato del trabajador, ese que no se cuenta en la planilla, pero sí en la historia personal que uno guarda en la piel y en el alma.

EmpecĂ© a estudiar siendo ya adulto. Con mi propio dinero, con mis propios tiempos y en medio de jornadas agotadoras, pero con un norte claro: querĂ­a algo mejor. Y ese esfuerzo rindiĂ³ frutos. Hoy cumplo funciones administrativas, firmo documentos, planifico operaciones y tomo decisiones. Pero nada de eso me hace olvidar de dĂ³nde vengo. Esa travesĂ­a de oficios es la que me enseĂ±Ă³ a mirar a todos por igual, a no sentirme mĂ¡s que nadie, pero tampoco menos.

Desde una perspectiva legal, el artĂ­culo 23° de la ConstituciĂ³n PolĂ­tica del PerĂº establece que “el trabajo es un deber y un derecho. Es base del bienestar social y un medio de realizaciĂ³n de la persona”. ¿CuĂ¡ntas veces lo olvidamos? ¿CuĂ¡ntas veces permitimos que se mercantilice hasta la dignidad?

Hoy, mientras cierro este texto, pienso en el lunes que viene. En esa rutina que muchos miran con fastidio, pero que para mĂ­ siempre ha significado oportunidad. Porque trabajar no es solo cumplir una jornada. Es honrar la historia de todo lo que nos trajo hasta aquĂ­.

Mañana es lunes. Y gracias a Dios, aunque las cosas estén muy difíciles, tengo trabajo.


Gracias por leerme. La escritura también es una forma de compañía.

Carlos Ebert Gestro

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