Entre decisiones difíciles y silencios incómodos, el liderazgo se mide también en humanidad.
Una semana difícil.
De esas que no terminan el viernes, ni se olvidan el domingo.
De esas que pesan más allá del escritorio, más allá de los KPIs, más allá del correo con el asunto urgente o del reporte que espera una validación técnica.
Esta ha sido una de las semanas más duras y estresantes que me ha tocado atravesar en mucho, muchísimo tiempo.
He tenido que tomar decisiones complejas. Frías en lo técnico, porque así lo exige la estructura operativa; pero profundamente humanas en lo real, en lo íntimo. Decisiones que no solo trazan rutas de procesos o afectan líneas de Excel: deciden el destino laboral de muchas personas. De muchas familias. De muchas historias.
Y lo más irónico —o lo más humano, no sé— es que mientras tomaba esas decisiones, mi propio futuro también estaba en vilo. Tomar decisiones cuando tú mismo no sabes qué pasará contigo, requiere de una templanza distinta. Una que se forja no en la formación académica, sino en la piel curtida por años de trabajo y de vida.
Ser jefe de operaciones no es solo coordinar indicadores, validar dotaciones, optimizar procesos o responder correos en tiempo récord. Es también —y sobre todo— ser el puente, a veces frágil, entre dos fuerzas que constantemente se tensan:
- 📈 El interés corporativo, con sus metas, sus eficiencias, sus métricas…
- 🤝 Y la realidad social y personal de cada colaborador, con sus luchas, sus tiempos, sus cargas invisibles.
Una operación no es solo una máquina andante de procedimientos.
Una operación es gente.
Gente que madruga con sueño, pero también con esperanza.
Que carga mochilas, pero también problemas.
Que entra en silencio, pero espera ser escuchada.
Gente que, como todos nosotros, vive.
Y cuando llega el momento de ajustar, optimizar o reducir, uno no puede evitar sentir que, más allá de un organigrama, está afectando vidas.
Esta semana me ha recordado que en este rol, uno tiene que tomar decisiones que quizás nunca serán cómodas, pero que siempre deben ser conscientes. Conscientes del contexto, del entorno económico, del momento estratégico, sí. Pero, por encima de todo, conscientes de las personas.
Hoy más que nunca comprendo que liderar no es ordenar.
Es sostener.
Sostener la operación cuando parece tambalear.
Sostener el ánimo del equipo cuando el silencio se vuelve denso.
Sostener la voz cuando toca explicar lo que nadie quiere oír.
Sostener la mirada cuando toca decir adiós.
Y también sostenerte tú mismo, cuando sabes que lo que estás haciendo te parte por dentro.
A lo largo de los años, he intentado siempre liderar con transparencia. Nunca me ha interesado fingir certezas ni aparentar perfección. Prefiero la verdad, aunque duela, antes que el silencio cómodo de las evasivas. Y esa sinceridad —a veces incómoda, pero siempre genuina— me ha permitido construir una relación con mi equipo que va más allá de lo jerárquico: una relación basada en la confianza mutua.
He sido leal. Leal a la operación, sí. Pero también leal a las personas que la sostienen cada día. Y esa misma lealtad la he recibido de vuelta en forma de compromiso, de esfuerzo, de respaldo silencioso en los momentos más difíciles. Ese tipo de vínculos no figuran en los organigramas ni se reflejan en los dashboards, pero son el verdadero corazón de una operación que quiere durar.
Gracias a quienes esta semana me acompañaron.
En silencio. En coordinación. O simplemente con comprensión.
Gracias por entender que no todo es blanco o negro, y que detrás de cada decisión hay muchas capas invisibles que solo quien lidera puede percibir.
Y a quienes se vieron afectados, mi más sincero respeto.
No fue fácil tomar ninguna decisión. Tampoco lo será olvidarla.
Seguimos.
Porque hay que seguir.
Pero esta vez con más conciencia.
Con más humildad.
Con más humanidad.
📝 Nota legal: En el marco jurídico peruano, las decisiones laborales de impacto deben respetar no solo el principio de legalidad, sino también el de razonabilidad y proporcionalidad, según lo interpretado por el Tribunal Constitucional en diversas sentencias. Este post es un ejercicio de memoria profesional, pero también de consciencia ética dentro del marco de gestión humana.
Gracias por leerme. La escritura también es una forma de compañía.
Carlos Ebert Gestro


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