Vivir solo, en silencio


Vivir solo, en silencio

Treinta años atrĂ¡s, solo tenĂ­a una cama vieja y un colchĂ³n reciĂ©n comprado.

Recuerdo perfectamente cuando empecĂ© a vivir solo. Lo hago con una mezcla de ternura, nostalgia y una leve tristeza. No tenĂ­a nada mĂ¡s que una cama vieja que apenas se mantenĂ­a en pie y un colchĂ³n reciĂ©n comprado. El cuarto alquilado donde vivĂ­a no llegaba a los 10 metros cuadrados. Una ratonera, en toda la extensiĂ³n de la palabra.

Y en esos treinta años de crecimiento trabajĂ© en mil cosas, estudiĂ©, me enamorĂ©, envejecĂ­... He cambiado de piel mĂ¡s veces de las que recuerdo. Cada etapa dejĂ³ marcas, unas mĂ¡s visibles que otras, pero todas necesarias. La vida me fue moldeando a su antojo y yo, a veces terco, a veces valiente, seguĂ­ adelante.

Hoy alguien a quien quiero mucho ha dado ese primer paso tambiĂ©n. Se ha mudado por su cuenta, lejos de familia, sin compañeros de cuarto. Y claro que le estĂ¡ costando. Porque la independencia pesa cuando es nueva, y el silencio de una casa vacĂ­a puede ser ensordecedor.

Pero tambiĂ©n es en ese silencio donde uno empieza a escucharse. A reconocerse. A saber quiĂ©n es cuando nadie lo mira. Vivir solo es, de algĂºn modo, encontrarse con uno mismo sin intermediarios. Es descubrir que uno puede con mĂ¡s de lo que creĂ­a, que puede llorar sin testigos y reĂ­r sin compartirlo, y que ambas cosas estĂ¡n bien.

Vivir solo fue, para mĂ­, el acto mĂ¡s radical de autoconocimiento. Nadie me vio caer, nadie me vio levantarme. Pero aquĂ­ estoy, mĂ¡s entero que nunca.

No romantizo la soledad. Tiene sus dĂ­as grises, sus tardes interminables y sus noches heladas. Pero tambiĂ©n tiene recompensas: la libertad de elegir tu mĂºsica, tu comida, tus reglas. La paz de volver a casa y saber que ese espacio es tuyo, aunque sea pequeño, aunque sea alquilado.

Treinta años despuĂ©s, cuando miro atrĂ¡s, veo a ese joven en su cuarto minĂºsculo, rodeado de nada y de todo al mismo tiempo. Y me dan ganas de abrazarlo, de decirle que lo logrĂ³, que esa cama vieja fue el inicio de todo.

Y a quien empieza ahora, solo puedo decirle que aguante. Que confĂ­e. Que esta etapa, aunque duela, aunque pese, lo harĂ¡ mĂ¡s fuerte. Y que, con el tiempo, cuando mire hacia atrĂ¡s, tambiĂ©n se sentirĂ¡ orgulloso de sĂ­ mismo.


Gracias por leerme. La escritura también es una forma de compañía.

Carlos Ebert Gestro

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