Me quedĂ© — diĂ¡logo que nunca existirĂ¡
(Mientras suena “By Your Side” – Sade)

Ayer por la noche volviste. No sabĂa si realmente ibas a venir, pero igual me preparĂ© y bajĂ©. El telĂ©fono seguĂa tibio por la llamada y, mientras cruzaba el pasillo y la madrugada congelaba hasta mis huesos, ya podĂa imaginar tus ojos buscando los mĂos. No habĂa promesas, solo el cansancio de dos cuerpos que todavĂa se reconocen.
No podĂa dormir. La habitaciĂ³n era demasiado grande, demasiado vacĂa. Las paredes me devolvĂan mi propio ruido y pensĂ© en ti. No en tus palabras, sino en lo que provocas: esa sensaciĂ³n de tierra firme, de pausa. Llamarte fue una mezcla de vergĂ¼enza y necesidad, pero sabĂa que ibas a responder y abrirme tu casa.
El taxi se detuvo frente al edificio y, por un instante, el mundo se quedĂ³ quieto. Te vi y ayudĂ© a bajar despacio, la mirada perdida, los hombros vencidos. Te abracĂ© sin decir nada. TenĂas frĂo. Y sin embargo, el calor que buscabas no tenĂa nada que ver con la temperatura.
No querĂa hablar. Solo querĂa descansar un poco, dejar de pensar, dejar de sentir. Cuando me abrazaste, el cuerpo me pesĂ³ menos. HabĂa un rumor lejano, una canciĂ³n en el aire: By Your Side. Su voz llenaba el ambiente, suave, como una promesa que no se pide.
“When you’re cold, I’ll be there / Hold you tight to me.”
Cuando tengas frĂo, estarĂ© ahĂ / te abrazarĂ© fuerte contra mĂ.
Subimos sin hablar. La noche era larga, pero no me importĂ³. Te sostuve mientras caminabas y sentĂ tu respiraciĂ³n mezclarse con la mĂa, desordenada, frĂ¡gil, viva. No habĂa nada que explicar. Solo querĂa que descansaras.
La cama me pareciĂ³ extraña al principio, como si no mereciera tanta calma. Pero cuando me cubriste, todo lo demĂ¡s se fue desvaneciendo, te pedĂ que cocinaras algo para mĂ, como antes; como cuando todo era mĂ¡s fĂ¡cil y como siempre, lo hiciste. Luego mi cuerpo, que horas antes era un campo de batalla, por fin se rindiĂ³. DormĂ a ratos, con la cabeza en tu pecho, y por ratos solo dejĂ¡ndome abrazar. El sueño no fue profundo, pero fue real.
Te mirĂ© dormir. Tu rostro se iba desarmando poco a poco, perdiendo la tensiĂ³n, entregĂ¡ndose al silencio. PensĂ© en todas las veces que quisiste desaparecer, y en todas las que volviste. Cada regreso tuyo, aunque no lo sepas, ha sido mi manera de quedarme.
No sĂ© por quĂ© siempre vuelvo. QuizĂ¡ porque contigo puedo callar sin sentirme culpable. Porque no tengo que fingir estar bien. A veces creo que no entiendes que no busco consuelo, sino un lugar donde mi mente deje de doler. Y lo encuentro, sin pedirlo.
“You think I’d leave your side, baby? You know me better than that.”
¿Crees que me alejarĂa de tu lado, amor? Me conoces mejor que eso.
SĂ, te conozco. Y tambiĂ©n conozco tus huidas. SĂ© que mañana despertarĂ¡s y fingirĂ¡s que no pasĂ³ nada, que fue solo una noche mĂ¡s. Pero no te juzgo. Tu forma de amar es intermitente, la mĂa no. Y aun asĂ, te entiendo.
A veces pienso que tĂº sientes mĂ¡s de lo que dices, y eso me asusta. No sĂ© manejar la intensidad, no sĂ© sostenerla. Pero cuando estoy contigo, todo se ordena un poco. Tu calma me rescata sin pedirme explicaciones. Y aunque lo niegue, sĂ© que me quedo porque me siento segura.
Cuando amaneciĂ³, no quise moverme. El sol se filtraba entre las cortinas y tu respiraciĂ³n seguĂa acompasada a la mĂa. PensĂ© que si el amor tuviera un sonido serĂa este: dos cuerpos respirando al mismo tiempo mientras Sade canta despacio: “You know me better than that”.
AbrĂ los ojos y te vi mirĂ¡ndome en silencio. HabĂa ternura en tu mirada, pero tambiĂ©n algo que parecĂa despedida. Quise decirte algo, cualquier cosa, pero no pude. AsĂ soy: me defiendo del amor incluso cuando me salva. AsĂ que solo cerrĂ© los ojos otra vez y fingĂ dormir.
Te dejĂ© dormir. No por miedo, sino por respeto. Porque a veces el amor no es un diĂ¡logo: es un gesto. Y aunque nunca hablemos de esto, sĂ© que ambos lo sentimos igual. De distinta forma, con diferentes nombres, pero igual.
“When you’re lost, I’ll be there / To bring you home.”
Cuando te pierdas, estaré ahà / para llevarte de vuelta a casa.
Y asà fue: por una noche entera, estuviste. Por una noche entera, me quedé.
Gracias por leerme. La escritura tambiĂ©n es una forma de compañĂa.
Carlos Ebert Gestro

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