Ladrona de Libros 8 - Fidelity


Este post naciĂ³ al volver a escuchar Fidelity de Regina Spektor. La canciĂ³n llegĂ³ mucho antes; el sentido, despuĂ©s.

Hay canciones que uno no escoge: lo eligen a uno. Fidelity me encontrĂ³ una tarde cualquiera, cuando todavĂ­a no sabĂ­a que, con el tiempo, iba a contar una historia que se parecĂ­a a la mĂ­a. La escuchĂ© decenas de veces sin entender; solo despuĂ©s de vivir ciertas cosas comprendĂ­ que hablaba, de algĂºn modo, de mĂ­… o de lo que fui cuando amĂ© al lirio.

“I never loved nobody fully, always one foot on the ground.”
“Nunca amĂ© a nadie por completo, siempre un pie en la tierra.”

Yo no tuve un pie en la tierra. Yo saltĂ© entero. Si algo me define en esa historia es haberme lanzado sin cĂ¡lculo, sin estrategia, sin reservas. AmĂ© como si no existiera la gravedad, como si la caĂ­da no importara. Y, sin embargo, el lirio conservĂ³ siempre un pie en el suelo, una mano lista para soltar, un miedo antiguo que la anclaba mĂ¡s de lo que el mundo la sostenĂ­a.

La canciĂ³n habla del amor que duda: del que tiembla antes de tocar, del que se protege tanto que termina solo. AhĂ­ se desencontraron nuestras almas. Mientras yo abrĂ­a cada compuerta del alma, el lirio cerraba otra. Yo creĂ­a que el amor era entrega; ella lo veĂ­a como pĂ©rdida. Y aprendĂ­ —aun a contraluz— que no se enseña a amar a quien asocia el amor con peligro.

“By protecting my heart truly, I got lost in the sounds…”
“Protegiendo de verdad mi corazĂ³n, me perdĂ­ en los sonidos…”

El lirio se perdiĂ³ en sus propios ecos, en voces anteriores a mĂ­. Yo quise ser silencio, abrigo, un pulso parejo. Pero el amor no siempre es mĂ¡s fuerte que las sombras; a veces solo las ilumina un instante antes de que vuelvan a crecer. No era una falta de cariño: era fidelidad a su miedo, a su alma anclada a su pasado.

La fidelidad que duele

Fidelity no habla solo de ser fiel a alguien, sino de ser fiel a lo que uno siente, incluso cuando duele. Yo fui fiel a lo que sentĂ­a, incluso cuando ella se alejaba. Fui fiel al amor aunque ya no tuviera direcciĂ³n; fiel al recuerdo cuando el territorio se volviĂ³ solitario. El lirio fue fiel a su resguardo. Y aunque parezca contradictorio, hay nobleza en ambas lealtades: cada una fue una lucha entre el deseo y el temor.

Por eso esta canciĂ³n no me sabe a fracaso. Me sabe a advertencia que no entendĂ­ a tiempo: yo fui el que amĂ³ sin reservas; ella, la que temiĂ³ desbordarse. Y ambos terminamos cansados, cada uno fiel a su propia herida.

Hoy, cuando suena Fidelity, ya no pienso en lo que perdĂ­, sino en lo que comprendĂ­: que no hay error en haber amado demasiado, que la entrega no te deja vacĂ­o —te deja lleno de lo que fuiste capaz de sentir—, y que aunque el lirio no se quedara del todo, hubo un instante en que sus ojos se abrieron con la misma intensidad que los mĂ­os. Ese instante basta para justificarlo todo.

“I never loved nobody fully…”
“Nunca amĂ© a nadie por completo…”

Yo sĂ­. Y por eso, algunas veces, al escucharla, sonrĂ­o con una mezcla de tristeza y gratitud. Ser fiel, al final, es no renunciar a la ternura aunque te la devuelvan rota; es seguir creyendo en el amor incluso cuando su eco suena distante; es mirar atrĂ¡s sin rencor, sabiendo que el alma, cuando se entrega de verdad, no se arrepiente.

“Fui fiel al amor incluso cuando dolĂ­a. Y aunque no se quedara, dejĂ³ un rastro de verdad.”

Gracias por leerme. La escritura también es una forma de compañía.

Carlos Ebert Gestro

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