Este post naciĂ³ al volver a escuchar Fidelity de Regina Spektor. La canciĂ³n llegĂ³ mucho antes; el sentido, despuĂ©s.
Hay canciones que uno no escoge: lo eligen a uno. Fidelity me encontrĂ³ una tarde cualquiera, cuando todavĂa no sabĂa que, con el tiempo, iba a contar una historia que se parecĂa a la mĂa. La escuchĂ© decenas de veces sin entender; solo despuĂ©s de vivir ciertas cosas comprendĂ que hablaba, de algĂºn modo, de mĂ… o de lo que fui cuando amĂ© al lirio.
“I never loved nobody fully, always one foot on the ground.”
“Nunca amĂ© a nadie por completo, siempre un pie en la tierra.”
Yo no tuve un pie en la tierra. Yo saltĂ© entero. Si algo me define en esa historia es haberme lanzado sin cĂ¡lculo, sin estrategia, sin reservas. AmĂ© como si no existiera la gravedad, como si la caĂda no importara. Y, sin embargo, el lirio conservĂ³ siempre un pie en el suelo, una mano lista para soltar, un miedo antiguo que la anclaba mĂ¡s de lo que el mundo la sostenĂa.

La canciĂ³n habla del amor que duda: del que tiembla antes de tocar, del que se protege tanto que termina solo. AhĂ se desencontraron nuestras almas. Mientras yo abrĂa cada compuerta del alma, el lirio cerraba otra. Yo creĂa que el amor era entrega; ella lo veĂa como pĂ©rdida. Y aprendĂ —aun a contraluz— que no se enseña a amar a quien asocia el amor con peligro.
“By protecting my heart truly, I got lost in the sounds…”
“Protegiendo de verdad mi corazĂ³n, me perdĂ en los sonidos…”
El lirio se perdiĂ³ en sus propios ecos, en voces anteriores a mĂ. Yo quise ser silencio, abrigo, un pulso parejo. Pero el amor no siempre es mĂ¡s fuerte que las sombras; a veces solo las ilumina un instante antes de que vuelvan a crecer. No era una falta de cariño: era fidelidad a su miedo, a su alma anclada a su pasado.
La fidelidad que duele
Fidelity no habla solo de ser fiel a alguien, sino de ser fiel a lo que uno siente, incluso cuando duele. Yo fui fiel a lo que sentĂa, incluso cuando ella se alejaba. Fui fiel al amor aunque ya no tuviera direcciĂ³n; fiel al recuerdo cuando el territorio se volviĂ³ solitario. El lirio fue fiel a su resguardo. Y aunque parezca contradictorio, hay nobleza en ambas lealtades: cada una fue una lucha entre el deseo y el temor.
Por eso esta canciĂ³n no me sabe a fracaso. Me sabe a advertencia que no entendĂ a tiempo: yo fui el que amĂ³ sin reservas; ella, la que temiĂ³ desbordarse. Y ambos terminamos cansados, cada uno fiel a su propia herida.
Hoy, cuando suena Fidelity, ya no pienso en lo que perdĂ, sino en lo que comprendĂ: que no hay error en haber amado demasiado, que la entrega no te deja vacĂo —te deja lleno de lo que fuiste capaz de sentir—, y que aunque el lirio no se quedara del todo, hubo un instante en que sus ojos se abrieron con la misma intensidad que los mĂos. Ese instante basta para justificarlo todo.
“I never loved nobody fully…”
“Nunca amĂ© a nadie por completo…”
Yo sĂ. Y por eso, algunas veces, al escucharla, sonrĂo con una mezcla de tristeza y gratitud. Ser fiel, al final, es no renunciar a la ternura aunque te la devuelvan rota; es seguir creyendo en el amor incluso cuando su eco suena distante; es mirar atrĂ¡s sin rencor, sabiendo que el alma, cuando se entrega de verdad, no se arrepiente.
Gracias por leerme. La escritura tambiĂ©n es una forma de compañĂa.
Carlos Ebert Gestro

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